- El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha Capítulo IV
- Miguel de Cervantes Saavedra
Antes De Leer
Información
Después de cinco años en el servicio militar, Cervantes optó por el retiro, pidiendo al monarca que autorizara su regreso a España. Una vez que su retorno fue autorizado, Cervantes partió acompañado de su hermano en una galera que en medio de su camino fue interceptada por unos piratas argelinos encabezados por el famoso corsario Mamín. Así comenzó un episodio de la vida de Cervantes que probablemente supera a la más imaginativa de las ficciones. Permaneció éste en cautiverio por un prolongado lapso de cinco años, arriesgando muchas veces su vida en intentos colectivos de fuga, uno de los cuales lo puso a merced del monarca argelino Azán, quien pagó a Mamín para que le cediera el poder sobre los cautivos. Numerosas fueron las penurias que atravesaron los hermanos Cervantes y sus compañeros de travesía. Luego de cinco años, y tras negociaciones sumamente penosas, la familia del escritor pudo reunir una considerable cantidad de dinero después de vender casi todos sus bienes; pero la suma alcanzó apenas para el rescate del hermano de Miguel. Este último permaneció en cautiverio hasta que el gobierno de España decidió intervenir para que lo liberasen. Una vez libre, asistió a la ruina económica de su familia, a causa del trágico incidente narrado, y comenzó a desempeñar funciones administrativas casi por el resto de sus días.
El capítulo cuarto del Quijote narra los primeros intentos del hidalgo por establecer justicia para los débiles, socorriendo al pastor Andrés, ferozmente azotado por su amo por causa de unas ovejas perdidas. Luego se nos narra el comiquísimo episodio de los mercaderes y la consecuente paliza que recibe don Quijote a manos de un sirviente de aquéllos.
Vocabulario
- 1. airadoenojado; indignado; iracundo.
- 2. ánimaalma; espíritu.
- 3. despiadadocruel; sin compasión; sin misericordia.
- 4. tropel (m.)muchedumbre; multitud.
- 5. divisaralcanzar a ver; percibir con la vista.
- 6. perjuiciodaño.
- 7. manaremanar; salir (agua de un manantial, por ejemplo).
- 8. canalla (m.)hombre malo, despreciable.
- 9. cólera (f.)ira; rabia.
- 10. pugnaresforzarse; forcejear; luchar.
Al Leer
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Después De Leer
Si Cervantes alguna vez se propuso escribir una pedagogía o un tratado didáctico, no lo hizo sin embargo con la finalidad de predicar al modo en que lo hace un sacerdote. No era su intención mezclar lo divino y lo profano. Allí tal vez radica la modernidad de su arte de novelar, en el hecho de que no permite que el discurso filosófico o teológico se apodere de la obra con su afán moralizador. Así lo ha entendido Vicente Gaos, quien en su colección de ensayos sobre el Quijote afirma: “Lo que en el fondo defiende Cervantes es el carácter profano de la novela, la autonomía de la literatura respecto de la moral. Está casi defendiendo lo que después se llamará ‘arte por el arte’. Porque la finalidad de la novela no es didáctica, no tiene que “predicar” buenos ejemplos, ni bajo el imperio de una moral a priori —que en España y en el siglo XVII no podía ser otra que la moral cristiana— le hubiera sido posible a Cervantes la invención del género novelístico”.
La novela no es pues una empresa de preceptiva moral, sino de compromiso estético. En ese remoto ejemplo de Cervantes se apoyan muchos grandes novelistas, cuyo interés esencial se centra en la materia ficticia y en la estructura formal que le sirve de sustento; dejando a un lado filosofías, religiones o ideologías en boga que puedan interferir con la riqueza de la novela y la multiplicidad de sentidos que le es inherente. En todo caso, si Cervantes se propuso algo, ese algo fue escribir una novela, género literario de su invención, seguro de que tal producto de su imaginación y persistencia tarde o temprano le daría cierta gloria, como lo atestigua su sospecha de que algún día el Quijote sería traducido a casi todas las lenguas. El resto, la ponderación de los ideales de justicia, la defensa desinteresada de los desprotegidos, la gentil corroboración del sentimiento amoroso idealizado, son cualidades universales que no pertenecen a un credo específico, son principios que todo ser humano, al menos en teoría, aprueba; y Cervantes acude a ellos espontáneamente no para construir una teoría del bien y el mal, sino porque son ideales arraigados en su ser. No hay que olvidar que Cervantes no podía ser un escritor exclusivamente formalista, el curso de su vida no le hubiese permitido tal privilegio; en cada una de las páginas escritas por su mano, tenía que estar presente y por necesidad cada una de sus experiencias, su vivencia de hombre que asumió no solamente los retos de la literatura, sino también los de la historia. No fue bibliotecario, no pasó por la universidad, no escribió en su vida versos exquisitos; pero he allí que la figura del hombre se agiganta y aparece el héroe de Lepanto, el que como caballero consumado se enrola en la campaña contra el turco, pensando no solamente en los días de gloria de su España querida, sino también en la injusticia que radica en el hecho de que un pueblo poderoso ataque a uno débil. No es la pedagogía del maestro lo que salta a la vista en el Quijote, sino la pedagogía del hombre experimentado y decoroso, del que ha saboreado las mieles del triunfo y la hiel del fracaso, del que sabe verdaderamente de la vida porque en la suya convergieron de manera directa eventos trascendentes de la historia de España.
Bibliografía
- Casalduero, Joaquín. Sentido y forma del Quijote. (1966)
- Castro, Américo. El pensamiento de Cervantes. (1972)
- Gaos, Vicente. Cervantes: Novelista, dramaturgo, poeta. (1973)
- de Madariaga, Salvador. Guía del lector del Quijote. (1926)
- Maldonado Ruiz, Antonio. Cervantes, su vida y sus obras. (1947)
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